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Archive for the ‘Aterrizaje’ Category

La economía es un área que normalmente es revisada bajo el prisma libremercadista. Esto hace que, en apariencia, a esta disciplina no le importe el medio ambiente. Sin embargo, se puede ver que los daños al medio ambiente, y las malas políticas medioambientales, también significan un alto coste económico para la sociedad. Lo cual puede ser explicado en términos generales, implicando problemas y caminos posibles.

En el mundo actual, no hay bien más escaso que las áreas verdes. El hombre daña el planeta. El planeta molesta al hombre. O sea, es un fenómeno cíclico. En términos formales, se da la degradación ambiental de origen antrópico.

Éste es un acompañante necesario pero indeseable de los procesos de producción, distribución y consumo de bienes y servicios

Entonces, se da una dicotomía entre nivel real y nivel deseado de calidad ambiental. Se necesitan políticas públicas ambientales que modifiquen el comportamiento de los agentes económicos. Así, se deben develar los objetivos, rol de los actores y costes y beneficios de tal política ambiental. Esas políticas deben incluir, tanto al marco legal como a las normas tributarias. De ese modo, se notan los aciertos y los errores en el comportamiento de los actores públicos.

Esas reglamentaciones deben ser rentables, eficientes, justas, gratificantes, fiscalizables y éticas.

La contaminación representa una externalidad. Este concepto implica los efectos reales de un agente económico sobre el bienestar de otro agente. Esa externalidad puede ser negativa o positiva. Como diferentes empresas afectan el bienestar medioambiental de forma negativa, esa externalidad también será de ese carácter. Cuando afecta al medio ambiente, esa externalidad negativa será también ambiental.

Cuando se revisa el medio ambiente, la externalidad es relevante. Esto es porque el bienestar social es afectado de tal forma que para lograr niveles óptimos se necesita corregir las fallas en el sistema. Por ejemplo, el caso de los cisnes de cuello negro en Valdivia, afectado por los residuos de CELCO. El bienestar social debía ser regularizado, y por eso CELCO debió sufrir multas, sumarios y debió arreglar los graves daños que sus residuos hicieron en el ecosistema local.

Sin embargo, si revisamos las variantes de costes y actividad económica, se puede aseverar que la actividad industrial sólo contamina cuando emite más desechos de los que el entorno puede ser capaz de asimilar. En el ejemplo anterior, CELCO sólo habría contaminado lo que se denotó en los medios. Los elementos contaminantes eran los desechos que ensuciaban las alas de los cisnes. Quizás existen muchos desechos más, pero el sistema fue capaz de solventarlos de buena manera hasta que no pudo más y esos desechos se demostraron en efectos nefastos.

Cuando el agente económico no tiene en cuenta la externalidad que causa, un gran problema se gesta. No es parte de sus balances económicos. Y, si el daño medioambiental queda fuera de los presupuestos, no se considera su reparación. Entonces, si el Estado multa a CELCO, la asignación de recursos ya demuestra ineficiencia y falta de visión.

La externalidad debe ser interiorizada por parte de los agentes productores. Pueden existir impuestos, subvenciones o una negociación coherente entre entorno e industria productora de desechos.

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 Él salió del Parque O´Higgins con temor por la actuación de Carabineros. Habían pasado más de nueve horas durante las cuales 24 bandas chilenas tocaron ante más de nueve mil personas. Los más diversos estilos confluían por un escenario amplio que lucía una gran pantalla y mucha gente moviéndose rápido para que entre una banda y otra no pasaran más de cinco minutos.

         Teleradio Donoso, Francisca Valenzuela, Gepe, Denisse Malebrán, Juana Fe, Matorral, Sinergia, Sonora de Llegar, fueron algunas de las bandas que vieron en la explanada del céntrico parque. La gente se movía y empujaba, y él era arrastrado por la onda humana.

         Pero cuando el último compás se dejó de oír a través de los parlantes, la acción de Grupo de Operaciones Especiales de Carabineros (GOPE) hizo que una fiesta se convirtiera en una imagen dantesca. La gente era una manada de antílopes escapando despavorida de las fauces de un león.

         El guanaco apareció. Una veintena de personas debieron ser atendidas por golpes proferidos por la fuerza policial. El Metro Estación Parque O´Higgins no tenía capacidad para recibir tanta afluencia de repente. Él tuvo que desechar esa opción y debió buscar transporte.

Era imperioso que llegara temprano a casa. Debía planificar su asistencia al Hip-Hop Town Festival que se realizará el sábado 8 de diciembre en la pista atlética del Estadio Nacional. También debía pensar en cómo juntar los $18700 que cuesta la entrada más barata. Después de todo, valía la pena porque entre otros exponentes del hip-hop estaría por primera vez Snoop Dogg.

Caminó a través de la Avenida Matta sin encontrar locomoción. Finalmente debió encaminarse hacia la Alameda utilizando la calle Lord Cochrane. A mitad de la caminata encendió su pendrive y escuchó radio. De pronto hubo comerciales. El locutor decía que The Police estaría en Chile este 5 de diciembre en el Estadio Nacional. Él recordó de inmediato una conservación con su mejor amiga que se moría de ganas de ir a ese recital. Ella le dijo que las entradas estaban muy caras y que Ticketmaster le quedaba muy lejos de su camino habitual.

Él pensó en todo aquello mientras tomaba la micro, preguntándose cuál sería el próximo recital al que ir, esperando que hubiese menos acción imprevista. Calma, la micro ya viene.

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EL CENICERO DE DIOS

cigarrillo Dar un paseo por las calles de cualquier ciudad es siempre una nueva experiencia. Te puedes encontrar con alguien, pueden asaltarte, puedes enamorarte o empezar una pelea, llegar a casa lleno de felicidad o de miseria.

La ciudad es un terreno vasto -a veces infinito- en que pasan flotando como en una nebulosa muy alta una infinidad de detalles, texturas y sensaciones. El fulgurar intermitente de un centenar de rostros desechables, sin nombre, color ni lugar en la memoria, un niño que come helados cuyos palitos van a dar al suelo, alguien raya algo en el muro, una mujer grita. Algunas cosas envejecen y otras se renuevan. Se construye un paisaje urbano que puede llegar a ser abrumador y extenuante; si no caminas con calma puedes llegar a contaminarte con tanta ciudad. No sólo el smog en el aire te ensucia cuando te mueves en la urbe. El ruido, la estética cargada de publicidad, el ajetreo, el ritmo acelerado, las basuras que ni se ven de tantos pasos rápidos cubriéndolas; puede ser demasiado.

A veces, con la mirada metida en el suelo, intentando adivinar los colores de los mosaicos gastados, entre monedas desoladas y cientos de colillas de cigarrillos esparcidas, es imposible no preguntarse  de dónde viene tanta mierda. Es como si Dios y los ángeles fumaran todo el día y dejaran caer las colillas a nuestros pies.

Risa. Nosotros, el cenicero de Dios. Qué pensamiento más estúpido. Entonces miras el reloj y caes en cuenta que no es tan tarde, siempre hay un par de minutos extra. Alzas la cabeza y te encuentras con un mural a la distancia, es un barco surcando el río Mapocho. Giras la cabeza y el sonido de un violín entubado por el pasillo de una estación de metro te envuelve en una paz maternal. Es gente que intenta traerle bondad y belleza a este mundo.

Allá a lo lejos pasa nadando una sonrisa de niña. Bucea sumergida en el aire submarino, viene a quitarte los pecados. Viene a llevarte de viaje, coleccionando imágenes aleatorias del mundo, tan reales como afiches de películas y portadas de discos antiguos. Viene a encerrarte en un círculo los lunares del cuello que besa sentados en el columpio de alguna plaza, en el cha chá de ese lejano edificio, respirando el vaho enrarecido de una galería en pleno centro, los semáforos fugaces, la humareda sencilla e inevitable, la trova colectiva de una micro, las manos extendidas en busca del sueldo, una carcajada fuerte, se cruzan las ideas en bicicleta, si me mandas a la punta del cerro, tanto mejor, ahí me gusta comer mote con huesillos. Ahí el ruido de la ciudad se va convirtiendo de a poco en un zumbido y nada más,  y se puede ver el mundo, ese sitio donde se respira vida a toda hora. Es tan hermoso que contamina; y luego te limpia. Es tan fácil perder el sentido y no tener más opción que reír fuerte y claro.

Así que me tomo un momento para relajarme y busco en algún bolsillo perdido en la memoria una cajetilla de Marlboro Light. Enciendo un cigarrillo y mientras aspiro su veneno voy pensando que tal vez vivir acá no es tan malo. Siempre hay algo nuevo para mirar, un sonido que se escurre entre los muros y un color para cada palabra. El resto es paciencia. Dos bocanadas más, el cigarrillo se termina. Lo boto al suelo y lo piso, ahí va a quedar alojado entre tantos otros, uno más que se pierde entre los que ya habían sido botados por Dios y su ejército de ángeles en este cenicero que llamamos calle.

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testigoLlama la atención que para la venta de un producto se tenga que recurrir muchas veces al sinuoso y voluble sector que comprende la mentira. En una nación como la nuestra, que vive pendiente de los matinales y los noticiarios, la imagen es todo. Por esto cuando el joven Rodrigo Cisternas fue baleado en las afueras de Curanilahue, la imagen de Carabineros y la de Forestal Arauco, la principal empresa maderera del país, se vio terriblemente afectada. Esto sumado al desastre ecológico del río Mataquitos a principios de año no fue sino en detrimento de la imagen corporativa de la empresa del difunto Anacleto Angelini.

Cuando este último falleció a finales de agosto, poco faltó para alzarle una estatua dorada en plena Plaza de la Ciudadanía en honor a sus bondades y virtudes. Los principales medios de prensa nacionales le rindieron tributos con biografías, al igual que varios programas televisivos. Se hizo mención a su relación con el ex mandatario Ricardo Lagos, se habló de su perro, su casa majestuosa y su poca afición por las propinas. Algo de lo que se habló muy poco fue del enorme impacto social y ambiental que su legado dejó a nuestro Chile lindo.

Este año, celebrando sus 40 de existencia, Forestal Arauco lanza una nueva campaña publicitaria para limpiar con agua bendita sus manos y pies de pecadores. Esto sumado a su “compromiso social” brindan una excelente excusa para embellecerse  como nunca.

¿Por qué no me quieres, acaso no sabes lo buena empresa que he sido contigo? 

Llega a ser irrisorio; la idea de un comercial de treinta segundos limpiando mágicamente la imagen, mellada por los sucesos de este año y el acarreamiento del tiempo y el hastío de la gente que busca mejores condiciones de trabajo, cuidados a sus tierras, respeto por sus pueblos, sus ríos, sus océanos, sus cielos, acaso alguna vez fueron todos uno sólo; una tierra, un manto de agua, un aire prístino y libre. 

Es sucio, una falta de respeto, una subestimación grosera los hombres y mujeres de Chile. Es darle una moneda roída y oxidada para comprar su silencio. Para marcharse en paz, eludiendo las miradas terrestres y juzgadoras, empinando hacia la cuna enaltecida en la que duermen cálidos y conformes los seres sin rostro ni manos, aquellos hombres corporativos que ocasionalmente se calzan el traje de piel humana y adoptan una actitud híbrida bajo la aurora antropomorfa, posan en la foto, profieren sus palabras en periódicos de circulación masiva, en los que serán vistos y leídos por tantos otros como ellos, que  harán exactamente el mismo acto, sin interludio, para un país lleno de crédulos cansados del mismo ejercicio metálico una y otra vez.

Lo peor es que la gente cae, como si fuese ésta su tarea premeditada. Cae en el juego y compra lo que les venden, compra la bondad de la empresa, compra la rectificación del desarrollo económico y espiritual que nos ofrecen como testigos de Jehová, casa por casa, con mucha paciencia y un maletín lleno de folletos aquellos que se escudan tras un eslogan empresarial: “¿No sabes todo lo que Arauco ha hecho por ti y tu país?”

 El ejercicio posterior es sencillo; consiste en realizar una pulsión mínima del diminuto botón que se encuentra bajo las letras “CH” y que tiene un signo de suma o resta. Esto tendrá como resultado cambiar de canal y así no tener que ver el resto del spot publicitario. Es el primer paso hacia el pensamiento libre y hacia la arriesgada, pero excitante tarea de discernir lo que nos es puesto ante los ojos. Está en nuestro control creer o no lo que se nos dice. Es uno de esos derechos/deberes que es imposible eludir. Porque todos hablan de las ganancias, pero nadie denuncia los crímenes

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